PIERRE BOURDIEU Y ANTHONY GIDDENS: EL ENCUENTRO DE LA ACCIÓN-ESTRUCTURA:
PIERRE BOURDIEU
El “estructuralismo constructivista” o el “constructivismo estructuralista” de Bourdieu:
El propio Bourdieu (1986) comentaba en vida que su teoría era tratada de “estructuralismo constructivista” o “constructivismo estructuralista”. Para el autor, el estructuralismo supone estructuras objetivas independientes a la conciencia y al deseo de los agentes; en tanto que, por constructivismo se refería a una doble génesis social: a los esquemas de percepción, pensamiento y acción que son constitutivos del habitus, de las estructuras sociales (campos) y de los grupos (clases sociales).
Obras como “La reproducción de la educación, la sociedad y la cultura” (Bourdieu y Passeron, 1977) opinan algunos que lo clasifican como estructuralista. Sin embargo, “La relación pedagógica y a comunicación” (Bourdieu et al. 1965), “Las categorías del juicio profesorial” (Bourdieu y de Saint Martin, 1975), lo clasifican como constructivista; en ambas obras se refleja cómo la percepción de los sujetos incide en la construcción de las relaciones sociales y otras categorías de lo social (Bourdieu, 1986).
Sin embargo para Ritzer (1997), aunque Bourdieu se esfuerza por vincular el estructuralismo y el constructivismo, y lo logra en cierta medida, hay en su trabajo un sesgo hacia el estructuralismo, por lo que se lo ha considerado por algunos como un posestructuralista.
En síntesis, Bourdieu se negaba a ser enmarcado en una de las dos corrientes, ya que pensaba que la respuesta no se hallaba en un solo lugar, y al contrario, ambas corrientes debían en cierto punto confluir para esclarecer la realidad social.
La dicotomía ente subjetivismo y objetivismo que tanto criticaba era una problemática del abordaje social científico de su época (hasta ahora):
Para Bourdieu, toda esa discusión acerca de si era él un “constructivista puro” o un “estructuralista puro” no es otra cosa sino la larga discusión por resolver si la ciencia social debe ser abordada desde una perspectiva objetivista o desde una perspectiva subjetivista; perspectivas aparentemente irreconciliables para abordar la ciencia (Bourdieu, 1986).
Al final, se caía en un intelectualismo vano con la discusión científica entre subjetivismo y objetivismo que tanto criticaba Bourdieu. Se asumían estas posturas con un dogmatismo que no permitía ver las respuestas a las preguntas sobre la sociedad desde un ángulo más amplio.
Por todo lo anterior, Bourdieu se desenmarca de todas las corrientes anteriores y hace críticas:
Para Bourdieu (1986), el subjetivismo  hace que uno se incline a reducir las estructuras a interacciones visibles, mientras que el objetivismo tiende a deducir las acciones e interacciones, de las estructuras. Este es el error teoricista que ha tenido el propio Marx, presuponiendo que los actores involucrados existen como grupo unificado, como una clase, en sentido estricto.
El impulso de la teoría de Bourdieu fue justamente superar la eterna opsición entre el objetivismo y el subjetivismo. Bourdieu señala como objetivista a Durkheim, al estructuralismo de Levi Strauss y a los marxistas estructurales. Critica estas perspectivas por centrarse en las estructuras objetivas e ignorar el proceso de construcción social mediante el cual los actores perciben, piensan y construyen esas estructuras para luego actuar sobre esa base. Los objetivistas ignoran la acción y el agente,  es por ello que Bourdieu se muestra a favor de una perspectiva estructuralista que no pierda de vista al agente.
Bourdieu también critica a la fenomenología de Schutz, al interaccionismo simbólico de Blumer y a la etnometodología de Garfinkel como ejemplos de subjetivismo centrados en el modo en que los agentes piensan, explican o representan el mundo social, ignorando las estructuras objetivas en las que esos procesos existen.
En medio de estas posiciones innegociables, Bourdieu dijo: “Las estructuras objetivas que los sociólogos construyen en el momento objetivo, al dejar de lado las representaciones subjetivas de los agentes, forman las bases para éstas representaciones y constituyen las limitaciones estructurales que pesan sobre las interacciones (…) éstas representaciones deben ser tenidas en cuenta especialmente si uno quiere dar cuenta de las luchas diarias, individuales y colectivas, que pretenden transformar o preservar esas estructuras” (Bourdieu, 1986. p.3).
Bourdieu apeló a romper con el dogmatismo, o lo que él también llamó como “substancialismo”:
“Para transcender la oposición artificial que se crea entre estructuras u representaciones, uno también debe romper con el modo de pensar que Cassirer llama substancialista y que lo lleva a uno a no reconocer otra realidad, que no sea aquella que está disponible a la intuición directa de la experiencia común” (Bourdieu, 1996, p.3).
Afirmó una relación dialéctica entre acción y estructura:
“La construcción no se lleva a cabo en un vacío social sino que está sujeta a limitaciones estructurales; en segundo lugar, que las estructuras estructurantes, las estructuras cognitivas, son ellas mismas socialmente estructuradas, porque ellas tienen una génesis social; en tercer lugar, que la construcción de la realidad social no es solamente una tarea individual sino también puede llegar a ser una tarea colectiva” (Bourdieu, 1986, p.7).
La “práctica” como producto de la acción dialéctica entre “habitus-campo” y “acción-estructura”:
Para evitar el dilema objetivista-subjetivista, se centra en la “práctica”, considerada por él como el producto de la relación dialéctica entre la acción y la estructura. Las prácticas no están objetivamente determinadas ni son el producto del libre albedrío.
La práctica es la que media entre el habitus y el mundo social. El habitus se crea a través de la práctica; de otra, el mundo social se crea a resultas de la práctica. Para Bourdieu la práctica es de función mediadora, puesto que el habitus está compuesto de prácticas y s u vez está orientado al cumplimiento de prácticas.
Al final, la preocupación central para Bourdieu es la relación que se da entre el habitus y el campo, ya que, por un lado, el campo condiciona al habitus; por el otro, el habitus constituye el campo como algo significativo.
El “habitus” como estructura internalizada y factor de incidencia en la acción (o práctica):
Habitus: Lo constituyen las estructuras mentales o cognitivas mediante las cuales las personas manejan el mundo social. Las personas están dotadas de una serie de esquemas internalizados por medio de los que perciben, comprenden, aprecian y evalúan el mundo social. Mediante estos esquemas las personas producen sus prácticas, las perciben y las evalúan.
Dialécticamente, el habitus es el producto de la internalización de las estructuras del mundo social; en otras palabras, el habitus son las estructuras sociales internalizadas y encarnadas. Un habitus se adquiere como resultado de la ocupación duradera de una posición dentro del mundo social. Los que ocupan la misma posición dentro del mundo social suelen tener habitus similares.
El habitus es el que permite  las personas dar sentido al mundo social, pero la existencia de una multitud de habitus significa que el mundo social y sus estructuras no se imponen de la misma forma en todas las personas. El habitus de todo individuo ha sido adquirido en el transcurso  de la historia individual y constituye una función del momento particular de la historia social en el que ocurre.  Se puede decir entonces que el habitus es una estructura estructuradora, es decir, una estructura estructurada por el mundo social.
Bourdieu la describe como la dialéctica de la internalización de la externalidad y de la externalización de la internalidad (Bourdieu, 1984).
Aunque el habitus constituye una estructura internalizada que constriñe el pensamiento y a la elección de la acción, no los determina. Esta ausencia de determinismo es lo que diferencia a Bourdieu de los estructuralistas. El habitus sugiere al actor lo que debe hacer, pero no se impone sobre él.
Es así que el habitus funciona por debajo de la conciencia y del lenguaje, y si bien no somos conscientes del habitus y de su funcionamiento, se manifiesta en la mayoría de nuestras actividades prácticas.
El “campo” como conjunto de relaciones estructuradas y estructurantes que inciden en la acción (o práctica):
Bourdieu reconocía que el mundo social se presenta a sí mismo como una realidad altamente estructurada.
El espacio social, se presenta a sí mismo en la forma de agentes dotados de diferentes atributos que se vinculan sistemáticamente entre ellos (Bourdieu, 1984).
Campo: Con Bourdieu el concepto de campo se define más en términos relacionales que estructurales. El campo es la red de relaciones entre las posiciones objetivas que hay en él. Estas relaciones no tienen que ver con la conciencia, los ocupantes de las posiciones pueden ser agentes o instituciones,  están constreñidos por la estructura del campo.
Es así, que hay varios campos en el mundo social: el artístico, el religioso, el económico; todos tienen su lógica y generan creencias específicas para sus agentes. El campo es un “campo de batalla” o un “mercado competitivo” para el propio Bourdieu, en el que los agentes desde sus posiciones, con los tipos y cantidades de capital que posean (económico, cultural, social, simbólico) persiguen individual o colectivamente salvaguardar su posición y jerarquizar sus intereses de la manera más favorable para él o ellos mismos.
El “capital” para Bourdieu, es de varios tipos, y no sólo económico:
Bourdieu reconocía cuatro tipos de capital:
-          Capital económico.
-          Capital cultural.
-          Capital social.
-          Capital simbólico.
Según el tipo y la cantidad de capital con el que se cuente, se crean las relaciones y las jerarquías en el campo social:
En las interacciones cotidianas, la posesión en mayor o menor medida de un tipo o varios tipos de capital, obliga a mantener a “las personas comunes” cierta distancia, “a mantener su rango” o a “no entrar en confianza”.
Es por esto lógico que, si uno quiere crear un movimiento o asociación, será una mejor oportunidad juntar a la gente que esté en el mismo sector del espacio social de uno, decía Bourdieu (1986).
“Aquéllos que beben champagne están en una posición opuesta que la de aquellos que beben whisky, pero también de otra manera, a la de aquellos que beben vino tinto; sin embargo, aquellos que beben champagne tienen mayor probabilidad que aquellos que beben whisky, y todavía mayor probabilidad que aquellos que beben vino tinto, de tener muebles antiguos, de jugar golf en clubes selectos, de hacer equitación o de ver comedias ligeras en el teatro (…) las diferencias funcionan como signos distintivos y como signos de distinción, positivos o negativos” (Bourdieu, 1986, p.8).
Bourdieu se caracterizó por realizar estudios prácticos, tal fue el caso de “La Distinción”:
Bourdieu fue un estudioso caracterizado por evitar los intelectualismos y buscar reflejar sus conceptos a revisiones prácticas, reflejo de ello es su trabajo “La distinción”, donde examina las preferencias estéticas de diferentes grupos sociales.
En esta obra, se detalla cómo  el “gusto estético” varía de una clase social a otra. Bourdieu identifica en su estudio sobre el gusto dos campos interrelacionales: las relaciones de clase (especialmente dentro de las fracciones de la clase dominante) y las relaciones culturales. Al final, el gusto representa una oportunidad para experimentar y reafirmar la posición de una persona dentro del campo. Es por ello que el capital cultural y el económico se influencian constantemente, tal es el ejemplo citado anteriormente, de distinción entre los que beben champagne, whisky o vino…
Está de más decir que los gustos están altamente influenciados por el habitus. Son estas disposiciones las que forjan la unidad inconsciente de una clase (Bourdieu, 1984, p. 243). Es así que, con un enfoque dialéctico, la estructura da forma al habitus.
Bourdieu usando la cultura como ejemplo de “campo” donde las “prácticas” son influenciadas pero no determinadas por el “habitus”:
Bourdieu considera la cultura como una suerte de economía o mercado. En este mercado, las personas utilizan capital cultural más que económico. Este capital es, en su mayor parte, el resultado de la clase social de origen de las personas y de su experiencia educativa. La conclusión de su trabajo es que, las personas persiguen la distinción, de esas pequeñas decisiones que toman día a día, desde las bebidas que toman, el vehículo que utilizan, los periódicos que leen, los lugares que frecuenta, etc. La apropiación de ciertos bienes culturales, como un Mercedes Benz proporcionan una “ventaja” mientras que otros, no proporcionan ninguna ventaja. 
Los cambios de gusto, son resultado de la pugna entre fuerzas opuestas, tanto en el terreno cultural, como en el de las clases. Entonces, el núcleo de la lucha reside en el sistema de clases, y la lucha cultural entre, por ejemplo, entre artistas e intelectuales, son facciones de la clase dominante para definir la cultura, y de hecho, el mundo social.
Aunque Bourdieu da una gran importancia a la clase social, se rehúsa a definirla sólo en términos económicos o de relaciones de producción, por lo que la define en términos de habitus.
“Para cambiar el mundo, uno tiene que cambiar las maneras de producir el mundo”:
“Para cambiar el mundo, uno tiene que cambiar las maneras de producir el mundo, esto es, la visión del mundo y las operaciones prácticas por las que los grupos son producidos y reproducidos” (Bourdieu, 1986, p.12).
ANTHONY GIDDENS:
“En ningún caso la estructura determina la acción o viceversa”:
La teoría de Giddens data de la década de los 60, pero encuentra su punto más alto en su obra de 1984 “La constitución de la sociedad”, que comienza sentenciando: “Toda investigación en ciencias sociales o en historia se ha preocupado por la relación entre la acción y la estructura… en ningún caso la estructura “determina” la acción o viceversa” (Giddens, 1984, p. 219).
Aunque no puede clasificarse a Giddens como un marxista, es claro que recibe una fuerte influencia de él, de hecho en su libro “La constitución de la sociedad” puede considerarse una reflexión sobre el dictum inherentemente integrador de Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen como ellos quieren, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado” (Giddens en Ritzer, 1997, p. 492).
Giddens rechaza las teorías extremas:
De hecho, para Ritzer (1997), la teoría de la estructuración de Giddens es, en esencia, una teoría ecléctica. Es así que el autor analiza el interaccionismo simbólico, el funcionalismo estructural, pero los rechaza por ser teorías extremas.
El centro de la teoría de la estructuración son las prácticas sociales, punto de encuentro entre acción y estructura:
“De acuerdo con la teoría de la estructuración el dominio básico del estudio de las ciencias sociales no es ni la experiencia del actor individual, ni la existencia de cualquier forma de totalidad social, sino las prácticas sociales ordenadas a través del tiempo y en el espacio (Giddens, 1984, p.2). Es así que el centro de la teoría de la estructuración de Giddens son las prácticas sociales, que pueden considerarse como el punto de encuentro entre acción y estructura, toda acción social implica estructura y toda estructura implica acción social.
  Este punto central para Giddens, que son las prácticas humanas, deben ser consideradas recurrentes. Es decir, no son creadas directamente por los actores sociales, sino que son continuamente recreadas por ellos. Las personas se implican en las prácticas y esas prácticas son las que producen la conciencia y la estructura.
La estructura es la síntesis de las prácticas:
La estructura se reproduce en y mediante la sucesión de prácticas situacionales organizadas por ella. Giddens se refiere a la conciencia como autoreflexividad, el actor humano no es sólo autoconsciente, sino que implica también en el control del flujo constante de las actividades y  de la estructura misma.
“Las propiedades estructuradoras (normas y recursos)…las propiedades que hacen posible la existencia de prácticas sociales, discerniblemente similares a través de los diferentes periodos de tiempo y espacios que les den su forma sistémica” (Giddens, 1984, p. 17). Es entonces que las estructuras se hacen posibles gracias a las normas y a los recursos. Sin embargo, Giddens dice que la estructura sólo existe en y mediante las actividades de los agentes humanos, por lo que su definición de estructura resulta muy inusual a la luz de los anteriores teóricos que se pronunciaron al respecto. Giddens no niega el hecho de que la estructura pueda constreñir la acción, pero cree que los sociólogos han exagerado en la relevancia de la estructura sobre los agentes.
La Estructura como conjunto de prácticas que tienen sentido dentro de un sistema social:
El sistema social es el conjunto de prácticas sociales reproducidas o relaciones reproducidas entre actores o colectividades organizadas como prácticas sociales regulares (Giddens, 1984, p.17-25). Las estructuras no existen per se en el tiempo y en el espacio, sino que se manifiestan dentro de los sistemas sociales en la forma de prácticas reproducidas. Las estructuras entonces, se concretan en sistemas sociales.
La conciencia como motor de la acción de los agentes, “la acción es la conciencia práctica”:
Los agentes controlan continuamente sus propios pensamientos y actividades, así como sus contextos físicos y sociales. Los actores tienen la capacidad de racionalización, que para Giddens significa el desarrollo de rutinas que les capacitan para manejar eficazmente la vida social. Los actores a su vez tienen motivaciones, que los impulsan a actuar. Giddens distingue dos tipos de conciencia: la conciencia discursiva, que implica la capacidad de expresar con palabras las cosas, la conciencia práctica, que implica sólo lo que hacen los autores, y no entraña su capacidad de expresar lo que hacen con palabras. Éste resulta más importante para la teorías de la estructuración, pues implica la capacidad de acción y no sólo de expresarse. Los agentes tienen capacidad de introducir cambios en el mundo social, es más, los agentes no tienen sentido si no tuvieran esa capacidad. Al dar al agente una importancia notable, Giddens se separa de las teorías que asignan mayor importancia a la intención del actor (fenomenología) o a la estructura externa (funcionalismo estructural).
Giddens da una enorme importancia a la capacidad de acción, a la conciencia práctica. “Lo que ocurrió no hubiera ocurrido sin la intervención de ese individuo” (Giddens, 19. 84, p.9).
Estructuración: estructura + acción.
            La Estructuración implica la relación dialéctica entre estructura y acción. Estructura y acción constituyen una dualidad, no pueden existir la una sin la otra.
Concluyendo, en primer lugar, la teoría de la estructuración, en vez de centrarse en las sociedad humanas, se concentra en el ordenamiento de las instituciones a través del tiempo y del espacio; en segundo lugar, de la se desprende una preocupación central por los cambios que experimentan las instituciones en el tiempo y en el espacio; en tercer lugar, es preciso que los investigadores se interesen por los modos en que los líderes de las diversas instituciones introducen o alteran pautas sociales; en cuarto lugar, los estructuracionistas deben controlar y considerar l influencia de sus hallazgos sobre el mundo social.
Para Giddens, el problema central es “el impacto fragmentador de la modernidad”, por lo que el estructuracionista debe estudiar este problema acuciante como primordial.
La estructuración se define en términos intrínsecamente integradores, se ha ocupado de la naturaleza de la interrelación entre los diversos elementos de la acción-estructura.
La constitución de los agentes y las estructuras no son independientes una de otra; las propiedades de los sistemas sociales son consideradas como medios y productos de las prácticas de los actores, y esas propiedades de los sistemas organizan recurrentemente las prácticas de los actores.
COMPARATIVAS:
Bourdieu y Giddens y la “integración acción-estructura”
Para Ritzer (1997), tanto Giddens como Bourdieu están enmarcados dentro de las nuevas corrientes sociológicas, en lo que se denomina como “integración acción-estructura”.
Así como para la sociología norteamericana se ocupa de las disquisiciones entre “lo macro y lo micro”, los teóricos europeos hacían lo propio con la  discusión entre “la acción y la estructura”. En este contexto es que aparece un nuevo consenso: la teoría de la estructuración de Giddens (1984) y la distinción de Bourdieu (1984) entre habitus y campo.  Es de saber, sin embargo, que lo micro no es puramente asimilable a los individuos, sino que puede incluir a colectivos; así también, las estructuras no se refieren solamente a lo macro, sino que puede incluirse a estructuras más pequeñas o “micro” estructuras.
Bourdieu y Giddens perseguían las mismas ambiciones:
Para Ritzer (1997), la teoría de Bourdieu es comparable a la de Giddens en muchos sentidos, cayendo incluso en similares ambiciones, según el autor. La obra de Bourdieu se basa justamente en la relación dialéctica entre habitus y campo.
Tanto Bourdieu como Giddens hacen críticas sustanciales a otros autores, tratándoseles de “eclécticos”:
Esto es más que claro, ya que por ello Bourdieu se autodenominaba “estructuralista constructivista o “constructivista estructural”, él superó el subjetivismo de la fenomenología y el objetivismo de Durkheim como el de Marx.
En la misma línea, para Ritzer (1997), la teoría de la estructuración de Giddens es, en esencia, una teoría ecléctica. Es así que el autor analiza el interaccionismo simbólico, el funcionalismo estructural, pero los rechaza por ser teorías extremas.
Pero, al final, si tuvieran que tomar un único camino, los autores probablemente serían considerados estructuralistas:
De nuevo Ritzer (1997), consideraba que Bourdieu siempre tendió más al estructuralismo que al constructivismo, de hecho, es considerado por algunos como un post-estructuralista. Al final, por algo la teoría de Giddens se llama: de la “estructuración”.
Son influenciados por Marx pero superan su teoría:
Ambos autores abordan el estudio de la sociedad desde una perspectiva dialéctica, donde hay una tesis, una antítesis y una síntesis, siguiendo la perspectiva sociológica instalada por Marx, sin embargo, lo superan notablemente.
Bourdieu por ejemplo, explica al capital como categoría de estudio ya no sólo desde un enfoque económico, sino también social, cultural, e incluso “simbólico”, éste último una novedad exclusiva y patentada del teórico francés.
Aunque no puede clasificarse ni a Bourdieu ni a Giddens como marxistas, es claro que ambos reciben una fuerte influencia de él. En el caso de Giddens, su libro “La constitución de la sociedad” puede considerarse una reflexión sobre el dictum inherentemente integrador de Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen como ellos quieren, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado” (Giddens en Ritzer, 1997, p. 492).
Para Bourdieu (1986), el error teoricista que ha tenido el propio Marx, ha sido presuponer que los actores involucrados existen como grupo unificado y objetivado, como una clase, en sentido estricto; no contemplando las cuestiones subjetivas que hacen a los individuos dentro del grupo social al que pertenecen y del grupo social mismo como colectivo.
Las obras insignes de estos dos autores surgen a la par:
Tanto “La distinción” de Bourdieu como “La Constitución de la Sociedad” de Giddens, aparecen en el mismo año: 1984.
El centro de sus teorías es la relación dialéctica entre acción y estructura:
Ambos autores “de la integración” toman ambos elementos como indispensables para el estudio de lo social.
El habitus y la conciencia llevan a la acción:
Para Bourdieu el habitus era la internalización de las estructuras en el agente, que muchas veces operaba de forma inconsciente, demostrándose en las prácticas. Para Giddens, la conciencia podía manifestarse o en el discurso o en las acciones, pero era básicamente una predisposición del agente para actuar de cierta forma, producto de la socialización.
Los campos y las estructuras:
Los campos son productos de las relaciones, determinadas éstas por el capital, generando posiciones y jerarquías que tienen sentido para un colectivo en un espacio y tiempo determinados; las estructuras son producto de las normas y de los recursos, también en un espacio-tiempo determinados, para un colectivo determinado.
Mundo social y sistema social:
Bourdieu reconocía numerosos campos dentro del mundo social, así como Giddens señalaba numerosas estructuras dentro de un sistema social.
La síntesis es la práctica:
Tanto Bourdieu como Giddens consideraban que el punto de encuentro entre la acción y la estructura es la práctica misma, lo que hace el agente en sociedad, influenciado por su entorno asignado, pero también por su propio ser.
BIBLIOGRAFÍA:
Bourdieu, P. (1984) La Distinción: Criterio y Bases Sociales del Gusto. Editorial Taurus. Madrid.
Bourdieu, P. (1986) El espacio social y el poder simbólico. College de France, California.
Giddens, A. (1984) La construcción de la sociedad.  University of California Press. Berkeley.
Ritzer, G. (1997) Teoría Sociológica Contemporánea. McGraw Hill Editores. Madrid.






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